Por supuesto que a bucear en el océano de la unidad no se llega sin chapotear largo tiempo en las charcas de la división. El agua que no corre se estanca, se pudre y huele mal; eso lo sabemos todos.
Pero también se pudre y huele mal una vida que no fluye. Nuestra vida sólo es digna de este nombre, si fluye, si esta en movimiento. Sea por cobardía o por pereza, sin embargo, o incluso por inercia -aunque casi siempre es el miedo mayormente el que nos paraliza-, todos tendemos a quedarnos quietos y, todavía más, a encastillarnos.
Encastillarse no es solo quedarse quieto; es dificultar cualquier movimiento futuro.
Buscamos trabajos que nos aseguren, relaciones que nos aseguren, ideas fijas y claras, partidos conservadores, ritos que nos devuelvan esa sensación de continuidad....
Buscamos viviendas protegidas, sistemas sanitarios bien cubiertos, inversiones de mínimo riesgo, ir sobre seguro...
Y es así como el rio de nuestra vida va encontrando obstáculos en su curso, hasta que un día, sin previo aviso, deja de flúir. Vivimos, si, pero muy a menudo estamos muertos. Nos hemos sobrevivido a nosotros mismos: hay biología, pero no biografía.
Dicho esto, estoy ante el reto más difícil, no es desconocido, ya me he enfrentado a él, en dos ocasiones, habiéndolo superado en ambas, pero esta vez, dada mi edad, mis limitaciones, mi situación, las ciscustacias, se me presenta el reto más dificil y complicado. Esta vez no voy a cambiar mi cuerpo, mi estado físico, voy a cambiar mi vida por completo, una vida la cual está arraigada desde casi una década a una familia, a una persona, que ha sido mis manos y mis pies, mi pareja, mi amiga, mi todo. Una mujer, una familia que he querido y quiero muchísimo una persona que ha estado conmigo en mis peores momentos y que siempre me ha ayudado sin pedirme nada a cambio, quizás, si!!, esperando algo que no he podido o sabido dar, que merece tener y que deseo lo encuentre y lo obtenga.
Nos conocimos y fuimos mejores amigos y eso es algo que siempre tendrá de mí. Mi amistad, mi ayuda, mi apoyo cuando lo necesite y por supuesto mi cariño, un cariño infinito e interminable.
Él desafío, el reto al cuál me enfrentó es tan difícil como desconcertante.. Solo tengo una pequeña pensión y necesito volver a construir una vida nueva..,
Un trabajo, un nuevo hogar, una estabilidad económica la cual me permita vivir y cuidar de mi hija. Todo eso en plena pandemia. Un desafío que inicie antes de la misma y que otra vez me veo obligado a proseguir.
Así que bueno, vamos a por ello!!
Eso si, por último quiero decir, como en mi es habitual, en forma de Reflexión, para aquellas personas que estén pasando o puedan pasar por mi misma situación..
Y es que siempre a pesar de mostrar nuestras cicatrices, tenemos que sonreir, aunque sea con algo de miedo, debemos sacar palabras bonitas a pesar de los golpes que llevemos puesto.
Porque, es ahí, en ese preciso momento en el que te das cuenta que deben existir personas hermosas a pesar de las malas experiencias que hayan tenido.
Personas que contagian las ganas de vivir, con sus alas rotas intentando emprender un nuevo vuelo.
Con el pecho herido, pero con la sonrisa limpia y sin culpas porque las cosas no salieron a pesar de haber apostado todo.
Dar no siempre implica recibir, así como recibir no debería implicar dar lo mismo. lo importante es que nada ni nadie te logre cambiar para mal, que nadie se lleve tu esencia, que sigas creyendo, que sigas queriendo.
Que el amor, el cariño dentro de ti nunca se desgaste.
Hasta pronto.
Oliver Tijerin