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2 de julio de 2015
29 de enero de 2015
ACUÉRDATE DE SOLTAR EL VASO.
Un psicólogo en una sesión grupal levantó un vaso de agua, todo el mundo esperaba la típica pregunta: “¿Está medio lleno o medio vacío”.
Sin embargo, preguntó:
- ¿Cuánto pesa este vaso?.
Las respuestas variaron entre 200 y 250 gramos. El psicólogo respondió:
- El peso absoluto no es importante, depende de cuánto tiempo lo sostengo. Si lo sostengo 1 minuto, no es problema, si lo sostengo 1 hora, me dolerá el brazo; si lo sostengo un día, mi brazo se entumecerá y paralizará. El peso del vaso no cambia, pero cuanto más tiempo lo sujeto, más pesado, más difícil de soportar se vuelve.
Y continuó.
- Las preocupaciones son como el vaso de agua. Si piensas en ellas un rato, no pasa nada. Si piensas un poco más, empiezan a doler, y si piensas en ellas todo el día, acabas sintiéndote paralizado, incapaz de hacer nada.
ACUÉRDATE DE SOLTAR EL VASO.
DESPUÉS DE LA TORMENTA LLEGA LA CALMA
Café. Tostadas. Todo igual que el resto de los días, pero el día distinto a todo lo anterior. No sale el sol con tanta intensidad. Chispea. De vez en cuando algún claro en el cielo se deja ver. Diluvia, y tú diluvias con el cielo. Los días así no son buenos para tu estado anímico.
Hay relámpagos, seguidos de unos truenos que aterrorizan. El día empieza a empeorar, y con él disminuyen tus ganas de todo en general. Ya no te planteas ni por qué no sale un mísero rallo de luz. Pero sale, porque el sol siempre sale después de la tormenta. Y empiezas a ver las cosas mejor, más claras, con más ganas, con más ánimo.
Sales a la calle y empieza tu día, quieres empezar de cero. Como si fuesen las ocho de la mañana y no las dos de la tarde, como si todo se hubiera borrado de tu cabeza en un abrir y cerrar de ojos, como si todo lo malo que has pasado no hubiera existido nunca, como si fuera el último día de tu vida.. Intentas no pensar en aquello que siempre te ronda la mente. Pero piensas, siempre acabas pensando. Tu mente es independiente y camina en paralelo a tu cuerpo. No puedes controlarla, nunca lo consigues. Pero ya no lloras, miras todo con otros ojos. Aquello que te hacía daño ahora sólo te permite recordarlo de una forma distinta, de una manera mejor. Ya no guardas rencor, sólo das gracias. Ya no echas de menos, sólo recuerdas. Y es mejor así, porque la vida es perder y ganar, y no siempre se tiene ésta última. Así que hay que caerse, aunque sea cien veces, pero es imprescindible caerse. El único requisito es que no te quedes en el suelo, una vez que estés abajo debes aprender a subir.
Es cierta le teoría de que todo lo que sube vuelve a bajar, por lo que volverás a caer tantas veces como te levantes, pero.. ¿qué sería la vida sin altibajos? Demasiado aburrida, no merecería la pena vivirla. Estar continuamente feliz aburre hasta a las moscas.
Por eso debes aprender a disfrutar esos días sin sol, con truenos y relámpagos que sean tan fuertes que te hagan temblar, porque cuánto mayor sea la caída, mejor será la subida. Cuanto más grande sea la tormenta, un sol más radiante saldrá después de ella. Sólo hay que aprender a disfrutarlo, y entender que, al igual que nosotros, el cielo necesita llorar de vez en cuando..
CUANDO SEPAS DE MI..
“Cuando sepas de mí, tú disimula. No les cuentes que me conociste, ni que estuvimos juntos, no les expliques lo que yo fui para ti, ni lo que habríamos sido de no ser por los dos. Primero, porque jamás te creerían. Pensarán que exageras, que se te fue la mano con la medicación, que nada ni nadie pudo haber sido tan verdad ni tan cierto. Te tomarán por loca, se reirán de tu pena y te empujarán a seguir, que es la forma que tienen los demás de hacernos olvidar.
Cuando sepas de mí, tú calla y sonríe, jamás preguntes qué tal. Si me fue mal, ya se ocuparán de que te llegue. Y con todo lujo de detalles. Ya verás. Poco a poco, irán naufragando restos de mi historia contra la orilla de tu nueva vida, pedazos de recuerdos varados en la única playa del mundo sobre la que ya nunca más saldrá el sol. Y si me fue bien, tampoco tardarás mucho en enterarte, no te preocupes. Intentarán ensombrecer tu alegría echando mis supuestos éxitos como alcohol para tus heridas, y no dudarán en arrojártelo a quemarropa. Pero de nuevo te vendrá todo como a destiempo, inconexo y mal.
Qué sabrán ellos de tu alegría. Yo, que la he tenido entre mis manos y que la pude tutear como quien tutea a la felicidad, quizás. Pero ellos… nah.
A lo que iba.
Nadie puede imaginar lo que sentirás cuando sepas de mí. Nadie puede ni debe, hazme caso. Sentirás el dolor de esa ecuación que creímos resuelta, por ser incapaz de despejarla hasta el final. Sentirás el incordio de esa pregunta que jamás supo cerrar su signo de interrogación. Sentirás un qué hubiera pasado si. Y sobre todo, sentirás que algo entre nosotros continuó creciendo incluso cuando nos separamos. Un algo tan grande como el vacío que dejamos al volver a ser dos. Un algo tan pequeño como el espacio que un sí le acaba siempre cediendo a un no.
Pero tú aguanta. Resiste. Hazte el favor. Háznoslo a los dos. Que no se te note. Que nadie descubra esos ojos tuyos subrayados con agua y sal.
Eso sí, cuando sepas de mí, intenta no dar portazo a mis recuerdos. Piensa que llevarán días, meses o puede que incluso años vagando y mendigando por ahí, abrazándose a cualquier excusa para poder pronunciarse, a la espera de que alguien los acogiese, los escuchase y les diese calor. Son aquellos recuerdos que fabricamos juntos, con las mismas manos con las que construimos un futuro que jamás fue, son esas anécdotas estúpidas que sólo nos hacen gracia a ti y a mí, escritas en un idioma que ya nadie practica, otra lengua muerta a manos de un paladar exquisito.
Dales cobijo. Préstales algo, cualquier cosa, aunque sólo sea tu atención.
Porque si algún día sabes de mí, eso significará muchas cosas. La primera, que por mucho que lo intenté, no me pude ir tan lejos de ti como yo quería. La segunda, que por mucho que lo deseaste, tú tampoco pudiste quedarte tan cerca de donde alguna vez fuimos feliz. Sí, feliz. La tercera, que tu mundo y el mío siguen con pronóstico estable dentro de la gravedad. Y la cuarta, -por hacer la lista finita-, que cualquier resta es en realidad una suma disfrazada de cero, una vuelta a cualquier sitio menos al lugar del que se partió.
Nada de todo esto debería turbar ni alterar tu existencia el día que sepas de mí. Nada de todo esto debería dejarte mal. Piensa que tú y yo pudimos con todo. Piensa que todo se pudo y todo se tuvo, hasta el final.
A partir de ahora, tú tranquila, que yo estaré bien. Me conformo con que algún día sepas de mí, me conformo con que alguien vuelva a morderte de alegría, me basta con saber que algún día mi nombre volverá a rozar tus oídos y a entornar tus labios. Esos que ahora abres ante cualquiera que cuente cosas sobre mí.
Por eso, cuando sepas de mí, no seas tonta y disimula.
Haz ver que me olvidas.
Y me acabarás olvidando.
De verdad.”
ME GUSTA..
Me gusta el olor a café por las mañanas. Me gusta ponerme los auriculares y evadirme del mundo. Me gusta viajar. Me gusta ver a alguien sonreír por la calle. Tirarme horas haciendo planes que nunca se harán. Me gusta hacer fotos. Me gusta escribir. Me gusta. Me gustas.
Me gusta conocer gente nueva. Me gustan las tardes tomando cañas con ellas. Me gustanlas noches de desenfreno y las mañanas de ibuprofeno. Me gustan las tardes de relax y las tardes de mil planes. Me gustan los viajes sin planear. Los cafés de las tres que se alargan hasta las ocho. Me gusta soñar. Soñarte. Suéñame.
Me gusta dormir. Comer. Bailar. Me gustan los días de charla hasta las tantas. Me gusta la playa. Los días de lluvia. Me gustan los buenos consejos. Me gustan las noches de copas que nunca acaban. Me gustan los abrazos a destiempo. Me gusta hablar. Cantar. Reír, que me rías. Ríeme.
Me gustan tus indecisiones. Me gustan tus palabras bonitas. Hacerte creer que me las creo. Me gustan los ratitos de soledad. Estar rodeado de gente. Me gusta leer. Que me lean. Me gusta tocarte el pelo. Me gustan los amores a primera vista. Me gusta pensarte. Te pienso. Piénsame.
Me gustan los refranes, porque el que la sigue la consigue, y el que algo quiere, algo le cuesta. Porque nunca es tarde si la dicha es buena, y si la palabra es plata, el silencio es oro. Porque quien espera, desespera, y aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Me gustan tus dichos. Tus locuras. Me gustan las frases vacías. Las canciones que lo dicen todo. Los silencios. Los gritos. Grítame.
Me gustas tú. Y a ti, ¿qué te gusta?
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