Café. Tostadas. Todo igual que el resto de los días, pero el día distinto a todo lo anterior. No sale el sol con tanta intensidad. Chispea. De vez en cuando algún claro en el cielo se deja ver. Diluvia, y tú diluvias con el cielo. Los días así no son buenos para tu estado anímico.
Hay relámpagos, seguidos de unos truenos que aterrorizan. El día empieza a empeorar, y con él disminuyen tus ganas de todo en general. Ya no te planteas ni por qué no sale un mísero rallo de luz. Pero sale, porque el sol siempre sale después de la tormenta. Y empiezas a ver las cosas mejor, más claras, con más ganas, con más ánimo.
Sales a la calle y empieza tu día, quieres empezar de cero. Como si fuesen las ocho de la mañana y no las dos de la tarde, como si todo se hubiera borrado de tu cabeza en un abrir y cerrar de ojos, como si todo lo malo que has pasado no hubiera existido nunca, como si fuera el último día de tu vida.. Intentas no pensar en aquello que siempre te ronda la mente. Pero piensas, siempre acabas pensando. Tu mente es independiente y camina en paralelo a tu cuerpo. No puedes controlarla, nunca lo consigues. Pero ya no lloras, miras todo con otros ojos. Aquello que te hacía daño ahora sólo te permite recordarlo de una forma distinta, de una manera mejor. Ya no guardas rencor, sólo das gracias. Ya no echas de menos, sólo recuerdas. Y es mejor así, porque la vida es perder y ganar, y no siempre se tiene ésta última. Así que hay que caerse, aunque sea cien veces, pero es imprescindible caerse. El único requisito es que no te quedes en el suelo, una vez que estés abajo debes aprender a subir.
Es cierta le teoría de que todo lo que sube vuelve a bajar, por lo que volverás a caer tantas veces como te levantes, pero.. ¿qué sería la vida sin altibajos? Demasiado aburrida, no merecería la pena vivirla. Estar continuamente feliz aburre hasta a las moscas.
Por eso debes aprender a disfrutar esos días sin sol, con truenos y relámpagos que sean tan fuertes que te hagan temblar, porque cuánto mayor sea la caída, mejor será la subida. Cuanto más grande sea la tormenta, un sol más radiante saldrá después de ella. Sólo hay que aprender a disfrutarlo, y entender que, al igual que nosotros, el cielo necesita llorar de vez en cuando..
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