Mamá sóplame otra vez como cuando era pequeño,
cúrame de mis heridas con el amor de tu aliento...
Como cuando tu sonrisa me hacía sentirme tan lleno
y era el único habitante de un universo de anhelos...
Mamá abrázame otra vez como hacías cada noche
antes de entregarme un beso, sin acuse de recibo,
tan generoso, sincero,
sólo para protegerme de los monstruos de mis sueños.
Y me dejabas la luz encendida
y velabas mis silencios
y yo me sentía seguro bajo un escudo
que protegía mis miedos...
Mamá aconséjame otra vez,
como has hecho en los momentos
que las dudas me llevaban hacia caminos inciertos.
Y tú me reconducías, sin reproches,
sin hacer que me sintiera idiota, frágil, soberbio...
Sólo me dabas apoyo y convertías lo nimio
en un gran mar de consuelo...
Mamá ríe conmigo otra vez que quiero
que tu sonrisa siga siendo mi sustento,
que me haga saber que siempre
seré el héroe de tus cuentos...
Mamá nunca me abandones,
hazme un huequito contigo cuando te vayas al cielo...
Acógeme en tu regazo como cuando era un bebé,
porque aún hoy, lo sigo siendo...
Porque aunque pasen mil años
seré parte de tu cuerpo.
Porque aunque nunca lo diga,
si estoy seguro de algo,
con el devenir del tiempo,
es que sé lo que es querer
por lo mucho que TE QUIERO.
Oliver Tijerin
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